Acerca de

La Agenda 21 de la cultura ha acumulado quince años de prácticas y experiencias específicas. Hemos llevado a cabo un trabajo de capitalización de experiencias que se materializa, entre otras cosas, en una base de datos que calificamos de "buenas prácticas" en materia de cultura y desarrollo local sostenible.

Los proyectos que aquí se presentan han sido seleccionados a partir de una serie de criterios.

La herramienta de indexación

Esta base de datos ha sido elaborada basándose en 3 tipos de parámetros de indexación distintos. Esos parametros también sirven como etiquetas de búsqueda:

ODS

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fue adoptada por las Naciones Unidas en 2015 y orientará las políticas de desarrollo en todo el mundi durante 15 años. Incluye 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas específicas. Los aspectos culturales jugarán un papel fundamental para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030: como demuestran los ejemplos incluidos en esta base de datos, la cultura se puede relacionar con la mayoría de ámbitos del desarrollo.

CULTURA 21 ACCIONES

Cultura 21 Acciones es un documento de orientación clave sobre cultura y ciudad. Pone de relieve la relación de interdependencia entre personas, cultura y desarrollo sostenible. Con una vocación muy práctica, promueve 9 Compromisos (o temas) y 100 Acciones. Actualmente lo utilizan ciudades de todo el mundo.

PALABRAS CLAVE

La Comisión de cultura de CGLU ha elaborado una lista de palabras claves que se pueden usar para describir, clasificar y definir las buenas prácticas en la implementación local de la Agenda 21 de la cultura y de Cultura 21 Acciones. La lista incluye 75 palabras, relativas a todos los campos de la cultura, las políticas culturales y las ciudades sostenibles.

Criterios de selección

La cultura juega un rol constitutivo en el desarrollo sostenible de ciudades y territorios. La cultura es un fin y un medio al mismo tiempo. En tanto que fin, la cultura constituye un motor del desarrollo sostenible de las ciudades, la base del sentido y de la vitalidad de la ciudadanía, la fuente de creatividad e innovación, así como la clave de un desarrollo más humano. En tanto que medio, la cultura es un catalizador de la sostenibilidad gracias a sus aportes específicos orientados a promover la equidad social, un progreso económico inclusivo y el equilibrio medioambiental.

La cultura, considerada por nuestra parte como el cuarto pilar o dimensión del desarrollo sostenible, abarca el patrimonio, la creatividad, la diversidad y la trasmisión de conocimientos. La cultura forma parte y está intrínsecamente vinculada con los derechos humanos. La cultura guarda una estrecha relación con la identidad, la comunidad, la educación, la ciudadanía, la participación y la gobernanza local.

Los criterios que hemos utilizado para la selección de buenas prácticas son los siguientes.

Innovación

El carácter innovador de un proyecto permite adoptar una perspectiva distinta a los habituales enfoques de los que ya conocemos los pros y los contras. Hace posible trasladarnos desde una reflexión precisa en torno a una problemática determinada hasta una reflexión más amplia que tendrá en cuenta otros aspectos y dimensiones. La innovación hace referencia tanto a los contenidos y temáticas de los proyectos como a las metodologías y los procesos.

Participación

La implicación y la participación de la ciudadanía en los proyectos culturales constituyen algo fundamental. El destinatario final de un proyecto cultural debe ser también su actor principal desde el principio hasta el final del proyecto. Sólo la movilización de la capacidad ascendente (usuario / habitante / ciudadano) hace posible una verdadera apropiación de los proyectos culturales.

Sostenibilidad

El desarrollo local no puede concebirse sin una dimensión permanente y sostenible. Los proyectos y las políticas de desarrollo deben ser concebidos en el tiempo, a corto, medio y largo plazo. Ello permite a la vez inscribir las acciones y decisiones en dinámicas globales y poder adaptar constantemente las prácticas metodológicas y las reflexiones estratégicas relativas a las políticas.

Eficacia

El criterio de la eficacia remite a la producción de uno o más de un impacto(s) positivo(s), tangible(s) o intangible(s), en los territorios y poblaciones. Los efectos de un proyecto o de una política de desarrollo cultural deben ser, por tanto, mesurables respecto a unos objetivos determinados en función de un diagnóstico establecido inicialmente.

Transversalidad

La adopción de una perspectiva transversal respecto a una problemática hace posible conjugar distintas temáticas con metodologías diferentes, así como múltiples actores. Por lo tanto, la transversalidad favorece la co-construcción y la co-realización de proyectos culturales y los inscribe en dinámicas de intercambio y responsabilidad compartida.

Reproductibilidad

Los proyectos, acciones y políticas de desarrollo local deben poder ser reproducidos o transferidos, por lo menos parcialmente. La explicación pormenorizada de los contextos constituye una condición esencial para comprender las buenas prácticas y para que dicha reproductibilidad sea posible.

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